A mis compañeras mamas, en el primer día de Kinder
Querida mamá de Kinder,
Esta mañana puse a mis hijos en la carriola y salí con mis hijos en nuestra última caminata. Max comenzará el kínder la siguiente semana y los días de pasarla en pijamas e ir al parque más cercano o al Starbucks se terminaron. Mi mejor amiga me mandó una foto de su nene de 5 años frente a su escuela primaria. “¿Cómo llegamos a este punto?” le contesté. Parece que fue ayer cuando estábamos embarazadas juntas, visitando las estaciones de bomberos con nuestros pequeños, teniendo a los segundos bebés juntos. “¿Cómo llegamos a esto?”
Bien, querida mama, quiero que te tomes una pausa de hacer lunches y meter lápices en sus estuches. Salte de Pinterest por un momento y deja de leer la lista de las 10 lecciones que necesitas saber para enseñar a tu hijo de kínder. Baja tu marco que has preparado para tomar la foto perfecta del primer día de clases y escúchame. Esto es para ti.
El kínder puede ser el comienzo para nuestros pequeños, pero es nuestra graduación.
¿Cómo llegamos aquí?
Esperamos, nos preocupamos, leímos los mails de BabyCenter cada semana que comparaban a nuestros bebés con kiwis y naranjas. Lloramos la pérdida de nuestros bebecitos que crecieron en nuestros corazones, pero no en nuestros vientres. Trabajamos, respiramos, gritamos, oramos mientras nuestros pequeños llegaban a nuestros brazos. Tuvimos cenas de celebración en camas de hospital o usamos nuestros mejores trajes y sonrisas cuando un juez nos declaró una familia, o abrimos nuestros corazones a los hijos de nuestras parejas.
Arrullamos pequeñísimas pompis en la palma de nuestras manos, cortamos brazaletes de hospital de pequeñísimos tobillos y aprendimos a encobijarlos como “burritos”. Llenamos biberones y vaciamos pechos, medimos mililitros en goteros y pipetas. Amamantamos o mezclamos y nos olvidamos de alimentarnos. Alimentamos a nuestros bebés con amor.
Arrullamos, calmamos, cantamos. Despertamos cada tres horas, o cada tres minutos. Tranquilizamos, bailamos y dormitamos. Pasamos más tiempo despiertas que dormidas.
Cortamos uvas en cubitos, limpiamos pasta de la alfombra y yogurt del cabello. Nos aseguramos de que los vegetales verdes no tocaran los naranjas.
Fuimos Batman y Thomas y un dinosaurio y un policía y una princesa. Pisamos 47 legos y construimos 72 torres y 298 naves espaciales. Nos escondimos en fuertes de mantas y detrás de puertas de armarios. A veces nos escondíamos en el baño porque era el único lugar callado que podíamos encontrar.
Manejamos a citas de juego, practicamos decir “hola” y “adiós”. Atrapamos cuerpecitos resbalosos en clases de natación e hicimos perfectos moños para clases de ballet. Tocamos tambores en clases de música y cantamos “Hola amigo” 341 veces.
Abrazamos pequeños bracitos regordetes y piernitas mientras el doctor les ponía una vacuna. Contamos onzas y pulgadas y celebramos cada paso. Fuimos con terapeutas de lenguaje, ocupacionales, oncólogos, radiólogos… Pasamos por caminos que nunca pensamos que podríamos pasar. Peleamos contra el miedo, la duda y la culpa. Despertamos cada día y pusimos un pie frente al otro.
Le gritamos a nuestras parejas, y a nuestras madres y lloramos en los brazos de nuestras amigas que se volvieron nuestra familia. Aprendimos a permitir que otros también amaran a nuestros hijos, y aprendimos a aceptar salir una noche por una lassagna, un abrazo o una mimosa.
Nos preocupamos por el tiempo de Televisión, por la vitamina D, y las etapas de desarrollo y las pruebas de audición. Celebramos cumpleaños e hicimos la danza del baño y dimos calcomanías y ultimatums.
Seguimos andando. Nos volvimos mejores. Nos sorprendimos a nosotras mismas.
Estuvimos agotadas, hartas, abrumadas y extasiadas. Aplaudimos las primeras palabras y los primeros pasos y las primeras citas en meses. Nos dormimos viendo Dumbo y memorizamos Buenas Noches Luna y Horton Oye un Ruido.
Tratamos de negociar con Dios sobre puntadas y resultados de laboratorio y operaciones de rutina. Calmamos pesadillas e inspiramos sueños.
Pisamos 4724 galletas y 3193 Cheerios.
Besamos raspones, mejillas y narices. Bañamos pequeños cuerpecitos y cortamos flequillos. Les susurramos “Te amo” a pequeños oídos. Abrazamos, ayudamos, explicamos. Contestamos 17000 por qués y por qué nos.
Lo logramos
Lo lograron
Habrá muchos principios que sigan a este. Nuestros trabajos aún no terminan, pero en el primer día del kínder, durante el tiempo entre decirles adiós a sus manitas y el momento en que regresa a tus brazos, se amable contigo misma.
En tu corazón, sabes que está listo.
Pero estoy aquí para decirte que tú lo estás también.
Puedes pensar que este primer día es sólo para él, amiga, pero también es para ti.
¿Cómo llegamos aquí?
Tú lo lograste, alimentaste, calmaste, te preocupaste, enseñaste, arrullaste, contaste los minutos de las siestas, sumaste onzas, y marcaste el paso del tiempo con dibujos, suspiros y lágrimas.
Así que cuando una valiente maestra de kínder cierre la puerta detrás de ti mañana, siéntete orgullosa.
Lo hiciste, lo lograste.
Ese salón de pequeñas personitas brillantes, imaginativas, amorosas, independientes (bueno algo) divertidas, impredecibles y capaces…Nosotras los hicimos así. Así que antes de que te vayas preocupada por todos los primeros días que te faltan y por la tarea y por las lecciones de vida y por el tiempo de televisión y las gráficas … ven conmigo al parque.
Te estaré esperando.
Déjame ser la primera en decirte “Buen trabajo Mamá” Sobreviviste. Miraste su corazón crecer fuera de tu cuerpo y lo preparaste para saludar al mundo solo. Está listo, porque tu lo estuviste. Por cada vez que le dijiste “Buen trabajo”, “Eres valiente”, “Estoy orgullosa de ti”. Pero nunca te dijiste eso a ti misma. Así que, en el primer día de clases, mientras das un último vistazo sobre tu hombro para ver si tu pequeño ya entró al salón, y te limpias las lágrimas y te subes a tu (de pronto muy callado) auto, recuerda esto:
Lo lograste. Eres valiente. Estoy orgullosa de ti.
Mira cuanto has crecido.
Feliz graduación mamá
Con amor,
Una mamá de kínder, llorando en el auto estacionado junto al tuyo.
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